lunes, 23 de julio de 2012

Las navatas serán declaradas 'Bien de interés cultural inmaterial'

Navateros en pleno descenso.

Hasta que los embalses no levantaron sus murallas de hormigón cerrando los caminos de agua aragoneses, la madera de los bosques de los Pirineos llegaba a la tierra baja en forma de grandes balsas de troncos que se dieron en llamar navatas. Los que guiaban aquellas embarcaciones circunstanciales eran montañeses recios, los navateros.
Después de muchos años de que aquella práctica comercial desapareciese como tal, unos cuantos entusiastas y amantes de la tradición que la han mantenido viva como atractivo turístico y como forma de recordar otros tiempos, han recibido un merecido reconocimiento.
El departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón ha incoado expediente para declarar "Bien de interés cultural inmaterial" la cultura del transporte fluvial de la madera en Aragón.
Se quiere reconocer y proteger de esta forma una actividad tradicional que constituye una parte esencial del patrimonio etnológico aragonés y que sigue viva mediante la celebración anual de descensos de navatas.
Además, el Gobierno de Aragón se ha adherido al proyecto de candidatura de la cultura del transporte fluvial de la madera para que sea incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Se trata de una candidatura compartida con Navarra, Cataluña y Castilla-La Mancha.
En Aragón, los navateros aprovechaban el deshielo para llevar en plataformas (las llamadas navatas) la madera de los bosques del Pirineo por el cauce de los ríos hasta Tortosa o Xerta, en la desembocadura del Ebro.
Las rutas fluviales de la madera en Aragón fueron tres:
- La del río Aragón (desde Ansó - río Veral y Hecho - río Aragón Subordán).
- La del río Gállego (formando navatas en Murillo y Santolaria).
- La del río Cinca (desde Laspuña y Escalona).
Las navatas se formaban entrelazando los maderos con ramas de sarga trenzada y estaban compuestas por hasta tres tramos que se enlazaban y que los navateros conducían río abajo con la ayuda de remos. Las últimas navatas llegaron a Tortosa en 1949. No fue hasta los años 80 cuando en el Sobrarbe se comenzó a recuperar esta actividad y a organizar descensos por el Cinca, entre Laspuña y Ainsa, que se han ido extendiendo a otros ríos.
Si queréis ser testigos de estos descensos podéis verlos todos los años allá por mayo en el Cinca o en el Aragón Subordán. El tramo que recorren en la actualidad es sólo testimonial, ya que los embalses de Mediano y Yesa cortan las dos vías acuáticas, pero merece la pena no perder esa memoria de tiempos más duros y de ríos que bajaban libres hasta el mar.

Imagen antigua de almadías (las navatas navarras) en el Ebro a su paso por Zaragoza, donde está ahora el puente de Santiago.