jueves, 21 de febrero de 2013

El Pirineo aragonés o el monocultivo de la nieve

Esto es la canal de Izas, con el Castillo de Izas arriba a la derecha, una curiosa formación rocosa. Es el camino más corto entre Canfranc y las pistas de esquí de Formigal. Si queréis verla así por última vez, no tardéis mucho en ir. (Foto: Pirineos3000.com)
No es lunes, pero no puedo esperar a escribir este post. El Gobierno de Aragón ha anunciado esta semana que da luz verde a la unión de las estaciones de esquí de Candanchú, Astún y Formigal (clic aquí para ver la nota de prensa del Consejo de Gobierno). De nuevo nuestros gobernantes escogen no sé muy bien si la huida hacia adelante, la maniobra de diversión perfecta ante la ponzoña que la actualidad les está echando encima en forma de trama (tramas) de corrupción o la forma de que la bola de las obras, el cemento, las bocas agradecidas y las grandes comisiones siga girando... El caso es que lo poco que quedaba de naturaleza virgen entre las cabeceras de los valles de Tena y Aragón va a ser destruido en aras de un supuesto "progreso" que se parece mucho al desarrollismo de la España de los 60.
Las cifras que el Gobierno ofrece son deslumbrantes y llenan de espectativas, como si de un nuevo Gran Scala se tratase (Eurovegas, pero sin hacerse, para me entendáis los que no sois aragoneses...): "1,5 millones de esquiadores por temporada, 210 km. esquiables [...] el primer dominio deportivo de esquí de España y uno de los diez más grandes del mundo. [...] Supone [la nieve] ya un 10% del PIB y la pasada campaña invernal (5 meses) el gasto generado por los esquiadores en Aragón fue cercano a los 170 millones de euros". ¿Quién puede resistirse a este nuevo El Dorado?
Pero hay cosas que se olvidan, o se ocultan: que todas las previsiones meteorológicas a medio plazo dicen que habrá cada año menos nieve y temperaturas más cálidas (clic aquí), el turismo verde y de naturaleza gana adeptos continuamente y, sobre todo, que otro modelo de desarrollo es posible. Un modelo que respeta la Naturaleza y que fija la población y atrae nueva de forma estable y en cantidad razonable, creando riqueza para la gente de la montaña y no para empresas con razón social en Zaragoza, Barcelona o Madrid. El modelo de Bielsa, Aínsa, la Bal de Chistau (clic aquí), la Bal d'Echo (donde se han dado de alta seis nuevos ganaderos en 2012)... Un modelo del que sólo se habla en foros como el programa Tempero de Aragón TV y que nunca ocupa los titulares y los grandes reportajes pero que es el que hace que los montañeses puedan vivir en sus valles sin abandonar sus actividades tradicionales y complementándolas con un turismo de calidad, sin abrir en canal a la gallina de los huevos de oro.
De todas formas, ante la sonrisa de oreja a oreja general tras el anuncio de nuestros próceres (muy en sintonía con el del año pasado que permite ampliar Cerler, clic aquí), empiezo a pensar que el raro debo de ser yo, que me estoy volviendo todo un perroflauta antisistema de esos tan malos de los que habla el ministro Wert. ¿Sabéis qué os digo? ¡Que igual ya es hora de que se proyecte una estación de esquí en el Moncayo, leches! ¡Eso sí que sería desarrollo del bueno! Miles, qué digo, decenas de miles de zaragozanos, tudelanos y pamploneses podrían esquiar casi en la puerta de casa. Se tala el hayedo, que no da más que gastos, y se tiran por allí las pistas. Y para atraer al público internacional se podría construir un aeropuerto en Tarazona (que le hace falta, no hay duda...) y colocar un telecabina que fuese desde la plaza de la recién restaurada catedral (para fomentar además el turismo cultural) hasta la base de las pistas en San Martín. ¡Mira, ya le he encontrado ubicación al que tenemos abandonado en Zaragoza desde que acabó la Expo (clic aquí)!
¡Señor, dame paciencia!