viernes, 23 de agosto de 2013

El olvidado castillo de Miranda

El castillo de Miranda. Espectacular atalaya que Alfonso I utilizó en la conquista de Zaragoza a los musulmanes y que ahora se consume en el olvido, a una hora caminando del final de la línea 43 del bus urbano en Juslibol. ¿Queréis conocerlo? Acompañadme en mi ruta: http://www.endomondo.com/workouts/232325389/6190822
Los que me leéis habitualmente ya sabéis que de vez en cuando me da el siroco, me lío la manta a la cabeza y me doy una vuelta por los alrededores de Zaragoza para marcarme el post de la semana. Y este domingo ha sido uno de esos días: he visitado las ruinas del castillo de Miranda, un edificio absolutamente olvidado y abandonado a su suerte, a pesar de estar catalogado como BIC, que vigila desde una atalaya espectacular todo el llano del río Ebro desde Alfocea hasta Zaragoza.
Para acercarme a este punto estratégico, uno de los que utilizó Alfonso I el Batallador para conquistar la ciudad de Saraqusta al moro (me parece mucho más bonito el nombre árabe que el reto para comer polvorones que le pusimos los cristianos...), he escogido un sendero que empieza nada más dejar atrás la barrera que impide el acceso en coche al galacho de Juslibol desde ese barrio de Zaragoza. Podéis seguir la ruta en Endomondo y ver todas las fotos de la caminata en este álbum de mi perfil en Facebook.
Comienza con una fuerte subida por una antigua gravera abandonada absolutamente espectacular y sigue por la parte superior de los escarpes del Ebro. Las vistas tanto de la llanura aluvial del río y del galacho de Juslibol como de los desérticos montes de San Gregorio son fantásticas y nos sitúan ante un contraste de ecosistemas brutal, a tan sólo unos cuantos metros de distancia.
La ruta discurre posteriormente por un pinar de reforestación con unos pinos raquíticos que hacen lo que pueden para sobrevivir en un terreno yermo y seco como pocos en Aragón, aunque sus pequeñas sombras se agradecen bastante, y después por un escarpado barranco que no me gustaría nada recorrer en un día de tormenta. Al final a las ruinas del castillo se accede como si llegásemos desde los montes de Alfocea, por la parte superior, en lugar de por donde debió de estar la puerta.
Poco queda de la construcción: el contorno del muro, una torre de dos pisos a punto de venirse abajo, la base de la torre del homenaje y tres de las cuatro paredes de una sala que debió ser alojamiento de la tropa o quizás un gran salón, en el que se adivinan la base de varios arcos. Más abajo, en la ladera contraria al río, está la entrada de una especie de bodega casi colmatada de sedimentos y que parece que podría dar acceso a algunas otras dependencias y túneles dentro del promontorio... Hasta esa pequeña dosis de misterio tiene este encantador rincón de Zaragoza.
Animaos a conocerlo y completad la excursión, como hice yo, con el regreso a través del galacho. Y si es fin de semana no dejéis de visitar su centro de interpretación, que merece la pena.
¡Nos vemos por los senderos!
Desde el galacho, apenas se aprecia la grandiosidad de las ruinas del castillo de Miranda. Pero ya habéis visto, sobre todo si habéis entrado en la galería de fotos de mi perfil en Facebook, que se trata de un lugar sorprendente.


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