lunes, 16 de enero de 2017

¿Hasta cuándo podremos seguir explotando el turismo de esquí en los Pirineos?

Joaquín Ventura en Castiello de Jaca
Este soy yo, Joaquín Ventura, en la casa de mis padres en Castiello de Jaca. De momento, sigue nevando todos los años pero ¿es suficiente para hacer rentables las estaciones de esquí?

El cambio climático sigue dejando sin nieve las montañas del Sur de Europa, no solo los Pirineos: una noticia de El Mundo fechada el 10 de enero se hace eco de un hecho sin precedentes, que el pasado diciembre han tenido que cerrar estaciones de esquí en Los Alpes por falta de precipitaciones. Incluso se ha prohibido el uso de los socorridos (y carísimos y dañinos para el medio ambiente, por la enorme cantidad de energía que consumen) cañones de nieve por falta de agua para ponerlos en funcionamiento.
En Baqueira, buque insignia de la industria turística del esquí en España, han tenido que transportar nieve en camiones y helicópteros desde las cotas más altas hasta las zonas más bajas para hacerlas esquiables en diciembre de 2016. No quiero ni pensar el dinero que cuesta hacer algo así.

¡Un negocio redondo el esquí!

Esta es la rueda de molino con la que nos han estado haciendo comulgar en Aragón durante las últimas décadas… Y no digo que hace una veintena de años no fuese así, con estaciones que eran esquiables sin necesidad de inversiones brutales, sin unos gastos que son imposibles de cubrir con lo que pagan los esquiadores por sus forfaits, pero ahora…¿Pensáis que exagero? En absoluto: Aramón, esa empresa que pertenece al 50 % al Gobierno de Aragón y a Ibercaja (es decir, que pagamos entre todos los aragoneses “a pachas” con esa entidad bancaria…), es un agujero negro con pérdidas millonarias. No lo digo yo, lo dicen sus cuentas, analizadas en esta noticia de la web de la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón, nada más y nada menos que una deuda acumulada de unos 70 millones de euros cubierta por un préstamo cuyos intereses estamos pagando todos los ciudadanos aragoneses (la mitad de los intereses, que la otra mitad la paga Ibercaja, claro).
En 2013 Aramón cerró con unas pérdidas de 10,7 millones y en 2014 de 11,5. No he encontrado datos posteriores pero tras la desastrosa campaña de Navidad del año pasado, supongo que las nevadas que mantuvieron las pistas abiertas hasta Semana Santa permitieron salvar los muebles sin que la deuda creciese demasiado.
Pero claro, es que el negocio de la nieve nunca ha estado en la nieve: la “pasta gansa” que mueve el esquí está, sobre todo, en el ladrillo. Proyectos frustrados como la ampliación de la estación de esquí de Cerler por el valle de Catanesa o la unión de Astún y Formigal por la Canal Roya han demostrado que es el negocio inmobiliario lo que realmente importa cuando hablamos de esquí, como declaró en sede parlamentario el consejero de Economía y Empleo del Gobierno de Aragón en 2015, Francisco Bono: "Aramón sigue con pérdidas porque no ha desarrollado ni un metro cuadrado de suelo ni ha puesto un ladrillo. Porque no hemos podido. Cualquier estación del mundo entra en pérdidas […]”.

Urge buscar actividades alternativas a la nieve para mantener a la población del Pirineo

La verdad climática y medioambiental del negocio de la nieve en Aragón es muy diferente a la que intentan hacernos ver cada invierno, no os dejéis engañar por las imágenes en televisión y otros medios de comunicación de pistas de esquí blancas y atestadas de esquiadores. ¡Ojo! Que al final sí es un gran motor económico para los valles en los que hay una estación de esquí es innegable: negocios hosteleros, comercios de todo tipo, puestos de trabajo directos en las estaciones, etc. Pero las temporadas de nieve cada año son más cortas y más anómalas, con grandes sequías y temperaturas altas en diciembre (adiós al puente de la Constitución y a la Navidad como fechas turísticas “clave”) y nevadas muy importantes en enero-febrero que consiguen que la parte final de la temporada sea buena… aunque el calor de la primavera la acorte cada vez más.
Es fundamental buscar otro modelo económico, ligado a las actividades ganaderas y agrícolas rentabilizadas con pequeñas industrias transformadoras y un modelo productivo basado en el asociacionismo agroganadero, apoyado por un turismo no estacional, cultural y de Naturaleza, como ocurre por ejemplo en Sobrarbe: ¿alguien echa en falta una estación de esquí en las montañas de Ordesa y Monte Perdido? ¿No es Sobrarbe una comarca aragonesa en clara recuperación poblacional después del éxodo de los años 60 y 70? Ese es el modelo adecuado; quizás no sirva para fijar una cantidad de población tan elevada como la que atraen Candanchú, Astún, Formigal, Panticosa y Cerler, pero es una población mucho más estable, no sujeta a unos brutales vaivenes estacionales. Además, el tipo de turismo que se fomenta donde no hay nieve es mucho, mucho más respetuoso con el entorno, las tradiciones y el medio ambiente.
Al final, poco cuentan las opiniones sean como la mía o estén a favor de seguir con la huída hacia delante de las estaciones de esquí: lo tozudo son los hechos y los hechos dicen que el turismo de nieve en Aragón tiene fecha de caducidad. Y, lamentablemente, está ya muy cerca.
Joaquín Ventura en el Sorrosal de Broto
El fin de semana de Reyes de 2017 en la cascada del Sorrosal, en Broto. Yo prefiero este tipo de paisaje en lugar de laderas cubiertas de pilonas de acero y hormigón, cables y nieve artificial. ¿Y tú?

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